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Fundamentos del cine literario. 5: El procedimiento (parte 1) - Francisco Bitar

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    Nunca se ponderará lo suficiente el salto que los llamados Jóvenes Turcos dieron desde las páginas de los Cahiers du cinemá a la realización de sus propias películas: se trata de la continuación de la crítica —es decir, de la escritura— por otros medios, asunto que Godard parece haber entendido mejor que el resto de sus compañeros de saga. Lo importante, más que hacer películas, era seguir escribiendo, para lo cual el cine se presentaba como un desenlace obvio, por el simple motivo de que se venía escribiendo sobre cine.   De hecho, a la primera crítica, como fue la de Cahiers , no podía caberle sino la creación misma del cine. A este salto de nivel corresponde su nacimiento, desde que uno es condición de la otra: para que el cine sea posible era necesario liberarlo antes de su pertenencia a una sola clase, representada por la industria de los cineastas. El salto de los Jóvenes Turcos recuerda que, a la creación de un arte en cuanto tal, le corresponde una rupt...

Fundamentos del cine literario. 5: Cine literario y vida - Francisco Bitar

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  Estamos rodeados de películas. Cualquier amague narrativo, de los que el día está lleno, puede resultar en una. La llamada de un número desconocido, por ejemplo, o la visita de un amigo. Es suficiente con empezar algo, un dibujo, empezar el día. Basta con ese mínimo, el de levantarse de la cama —o menos aún, el de seguir vivo—, para ponerse al comienzo, es decir, en situación de filmar (eso por no hablar de la muerte, donde empieza el absoluto).   Ahora, la vida no puede empezar por sí sola. Si la dejáramos en manos de su inercia no obtendríamos otra cosa que la reproducció n de s í misma. Tampoco puede interponerse una voluntad, como la de ser (ser cineasta, por ejemplo) : si tom áramos la decisión de empezar no haríamos otra cosa que dividir en dos partes el mismo aburrimiento; y ahí están los profesionales aburriéndose ellos mismos, y aburriendo a todo el mundo con su trabajo . No queda otra salida que interponer el procedimiento artístico y dejar la vida en sus manos...

Fundamentos del cine literario. 4: La imagen movida - Francisco Bitar

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  Por muy habladas que estén, las Películas Literarias no evitan la cuestión clásica de la segregación de las imágenes. ¿Hasta dónde llega la prohibición que la regla de imaginar entraña, o, dicho esto desde el extremo contrario, el de una afirmación: dónde estará la soñada reserva de imágenes por descubrir, la que hará posible mi libertad total de hacer películas?   Para plantearlo directamente: ¿toda secuencia debería estar determinada por una lí nea narrativa o argumental , de las que se establecen de antemano y economizan cada elemento? ¿No podría en todo caso la imagen registrarse porque sí, por su propio atractivo, incluso por su verdad, aun cuando no quede conectada a otra por ninguno de sus extremos?   En caso de ser así , la imagen de esta clase de Películas Literarias se acercaría a la  fotografía clásica, con su “instante indicado”, por lo que tiene de retrato de fugacidad, pero también por lo que no puede encajar sino en sí mismo: el próximo segundo, la v...

Fundamentos del cine literario. 3: El montaje sin órganos - Francisco Bitar

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  La escritura densa, de la que hablábamos la última vez, supone entonces una concurrencia de la imagen y la palabra: ambas trabajan juntas en la realización de la película. O cada una predice la otra, desde que, tal como ocurre con las ensoñaciones de la imaginación, la palabra ya invoca la imagen, y la imagen que viene necesita de una próxima palabra para ir hacia la consolidación de una escena final, ahí donde la película literaria se detiene (porque también lo hace la fantasía). Como decíamos, el resultado —la película— devuelve la sensación de ser testigos, como espectadores, de los procesos imaginativos del realizador: la impresión es la de presenciar en vivo la manera en que esa imaginación trabaja.                                     Ahora, entre este proceder concurrente propio de la escritura de...

Fundamentos del cine literario. 2: La imagen que escribe - Francisco Bitar

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  Teniendo en cuenta que asume todas las tareas, ¿cuál será el momento gozoso de su hacer para un realizador de películas literarias? ¿Será la concepción de la idea, que auspiciosa como se presenta, lo deja aleteando en un aire imaginario? ¿El despliegue de esa idea en la escritura de un guion, en lo que podríamos llamar un proceso a la idea ? ¿El rodaje, es decir, el momento de salir a la caza de imágenes que mejor se adapten a su fantasía? ¿La reunión de todo lo anterior en el montaje, que no excluye los ejercicios también placenteros de suprimir material así como el de terminar la película? Se diría que el tramo más sabroso se produce entre un momento y el otro, cuando el realizador parece embriagado de lo próximo y se apresta a empezarlo. Es ahí cuando trama relaciones y superpone capas, el momento en que se aclaran ante sí mismo sus propias intuiciones, acordadas en mayor o menor medida con su película ideal, la que traía en la cabeza. A esta altura el hacer está gobernado p...

Fundamentos del cine literario. 1: El cine y el dinero - Francisco Bitar

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Antes que nada, y por encima de todo, a los cineastas se les enseña a procrastinar. Todo en su tarea es objeto de una postergación: la idea lleva a una sinopsis argumental, la sinopsis argumental al guion, el guion, con suerte, al rodaje, el rodaje al montaje, y el montaje, por fin, a la película. Tantos son los segmentos interiores (cada uno, además, gobernado por su propio comité) que se diría que nadie quiere hacerla, aunque a la larga quizá alguien pague su entrada por ella, y por eso se hace. Como ningún entusiasmo resiste esta prueba de fondo, se convoca a los técnicos, que colaboran, menos con su experticia que con un quantum de fuerza deseosa. A estos técnicos hay que pagarles. De modo que, entre una fase y la otra, se le hace necesario al realizador pasar la gorra; de hecho, cada uno de estos momentos de la eventual película ha sido cortado del todo para ajustarse mejor a la colecta: lo importante, al menos por ahora, es conseguir la plata; hacer la película quedará para otr...

El piano como maestro - Francisco Bitar

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  Mis hijas, de tres y ocho años, saben tocar el piano. Más bien tocan el piano, saber hacerlo les importa poco. El instrumento mismo está estucturado de manera tal que la técnica se vuelve accesoria: cualquiera que se siente frente a él —tal como han hecho mis hijas desde el principio, sin haber visto antes a ningún profesional— entiende de inmediato que esta máquina de raros botones blancos y negros funcionará con apenas poner una mano de un lado y otra del otro, y apretar. O menos: Rosita lo aporrea con las palmas o lo recorre de punta a punta con los dedos índice y mayor de la mano derecha, como si el teclado formara un camino de escalones que se hunden y vuelven a subir, y dos piecitos los pisaran. De hecho, ese es el movimiento que ella usa para hacer andar al hombrecito que se planta frente a playmóbiles y barbies, y que va y viene por la casa. Solo que acá baja y sube: más que como escala, ella entiende a la música (por lo menos la del piano) como el asunto de una única ...