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Mostrando las entradas etiquetadas como surghi

Carta a Balthus - Carlos Surghi

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  Querido Balthasar:    Tu hermano es el último escritor. Así lo creo. Después de él ya no se ve nada. Humo tal vez. Polvo en suspensión. No más. Sí, así nada. Y, sin embargo, todo. Luego del punto final uno no sabe si ha atravesado el bosque, si está aún en medio de él, si el bosque ardió o si en su ceniza -en la ínfima voluta- aún se levanta por detrás una imagen de lo que él fuera. ¿Galería de cuadros para una infancia en su cruce de caminos? No creo, invento. Pero continuo. Podría ser el enigma de mirar. Aunque tampoco lo sé. Hay cosas que no deben mirarse. Lo he releído y cierta perturbación de los sentidos sigue ahí. Reliquia de páginas y páginas diría, un ardor en el borde de cada hoja. ¿Cómo dar vuelta la página, si no hay margen por donde agarrarla cuando se quema? De esa ceniza solo puede volver el fuego, qué extraño, no necesariamente lo devorado. Juguetes tiznados, como los que a tus adolescentes les recuerdan lo que fueron: niñas quemadas al desvestirse d...

Carta a Francisco Bitar - Carlos Surghi

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  Querido Pancho: ¿Vi todas tus películas? No importa. Vi la última, eso es lo que importa. Siempre la fotografía del final, como en el tango, que dura muy poquito y es una eternidad. Vi la última porque también puede ser el comienzo de lo nuevo, lo que es distinto, y tengo que decirte que tiene la duración justa que el cine tiene que tener. Siempre todo es un problema de duración. El amor, la amistad, un sentimiento que no se explica, el dolor. ¿Cómo medir la realización de una película entonces? ¿No lo que dura, sino desde que su intuición de imagen aparece, hasta que yo, por ejemplo, me levanto porque me aburro? Esa duración del afecto, diría. ¿Cómo saber qué pasó en una película? ¿Pasa algo? ¿Cuánto y qué? ¿Cómo ponerle tiempo a la intuición, eso que a vos te sucede del acto a la palabra en el camino de una forma? Pancho, querido, que te enojaste porque no te contesté los últimos whatsapps -pero es que dejaste esperando a Cuqui, la artista más genial de esta ciudad, eso no se...

Operación - Carlos Surghi

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  Cuatro días de raid literario con MM que incluyeron oropeles de doctorado, estudiantina universitaria, preguntas y respuestas, interpelación en la oscuridad de la coyuntura y una suerte chamánica que, en el ir y venir de su silla “eléctrica”, ofició como corolario a una danza de la lluvia que lo inundó todo en la última noche de su estadía, puede resultar demasiado para cualquiera, pero no para ella que ahora es solo una "mitad". Ordeno estas imágenes en el ritmo del recuerdo que vuelve ahora en el café de la plaza céntrica, mientras Alessio y Mariana ingresan a la caverna platónica del teatro infantil y yo, que acompaño todo con el negroni de las seis de la tarde, hojeo su autobiografía del alcohol hecha de pasarela, puerta vaivén y ronda.   Como la admiración y el cariño son excesivos, toda celebración no puede escapar a algo del orden de la incomodidad. Si lo pienso, es porque en todo homenaje siempre hay que escapar del homenaje, pues este está hecho de la incomod...

Argerich - Carlos Surghi

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  La música antes de ser música permanece dormida. Descansa en su desidia y se arrulla en el disimulo de su potencia. ¿Sueña su propio pasado? ¿Profetiza lo porvenir en la pasividad de un olvido al que se entrega para disimular lo que es? Imposible de saber. Nadie se atreve a molestarla o llamarla, ella solo irrumpe, se abalanza para sacudir a aquel de quien se apodera y, por supuesto, determina que, a partir de su llegada, ya nada sea lo que es. Por eso poco sabemos de lo que llamamos la profundidad onírica de la música; en todo caso, solo sabemos que eso ‒la lejanía de su lugar de residencia, la molicie de su quietud que se rompe en su asalto‒ es un misterio. Hay entonces una metafísica de la música a la que le sigue necesariamente su fenomenología. Es algo parecido a una búsqueda arqueológica de la genialidad que asoma en los restos de cualquier imagen una vez que ésta se ha roto sabiendo que por detrás uno podía encontrar una vida, ya que, cuando la música transforma a la vida ...