Confesión akermaniana - Amatista Fernández
Escribo este ensayo con el cuerpo. Con el cuerpo tenso de quien ha aprendido a leer los signos del régimen escópico patriarcal, a desentrañar sus aparatos ideológicos de estado, a localizar su goce en la mirada estructurada como un lenguaje. Mi formación, mi militancia, mi ser-en-el-mundo como sujeto feminista, se ha construido en la trinchera de la deconstrucción. Y en ese campo de batalla, Chantal Akerman fue declarada, con justicia, una generala. Aquí hago mi primer acto de reconocimiento, taxativo: su obra cinematográfica, en su núcleo más radical, constituye una operación de sabotaje contra la máquina significante del cine dominante. Es un trabajo de desmontaje obsesivo, minucioso, casi cruel, de las ficciones que sostienen el imaginario burgués y masculinista. Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles no es sólo una película, es un acto político de desautomatización perceptiva. Es la materialización en tiempo real —un tiempo femenino, doméstico, cíclico, no fálico— de...