J.B.R. - Carlos Surghi
Miércoles. Todo el día esperé el cielo de la tarde. Al traer a mi hijo de la escuela me encontré con él. Entretanto, el celeste-azul de la mañana se fue transformando hasta llegar a este celeste-deslucido, manchado de luz blanca. Anémico, temeroso de irse ante el hundimiento del sol que lo despide, se desentiende para que la noche lo invada todo. Así también declina el ánimo. Mientras manejo rumbo a mi clase en la universidad, pienso ¿qué podemos hacer con el dolor? ¿Una manualidad de palabras? ¿Olvidarlo? ¿Transformarlo en un tratado? Todo tiende a objetivarse, a necesitar el reconocimiento en la exterioridad más desnuda. La página y el cielo son el lugar para mis vacilaciones en días como hoy. Hay entonces una prosa de nubes que oculta y da paso a la luz transformada. Al llegar caminé hacia el pabellón Residencial, solo para evitar entrar a clases y delatar mi ansiedad de ser escuchado por desconocidos a los que les contaría la vida y obra de otro desconocido. En la lomita, que...