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Sobre Prisma - Maria Borio

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  [Traducción: Diego Bentivegna]   En Prisma experimenté con dos componentes: la relación entre la escritura en poesía y la para-autobiográfica, aunque también podría decir hiper-autobiográfica, y el uso del lenguaje. Me interesaba incorporar el lenguaje de la generación Z, de los nacidos en el año 2000, en un tejido narrativo poético que se refiere a un momento preciso de la vida: la adolescencia. Prisma es un poema y el prisma es una forma simbólica. Este objeto transparente ofrece la posibilidad de descomponer el espectro de la luz, que se puede descomponer dependiendo del ángulo. El prisma también puede ser una representación de la poesía, que trabaja el lenguaje ordinario como si estuviera moldeando la luz y muestra muchas de sus posibilidades fonéticas y semánticas. En el campo de la historia de la ciencia, existe una teoría física llamada cimática: nace de los experimentos de un físico alemán del siglo XVIII, Ernst Chladni (1756-1827), que había inventado un métod...

Vida de Fernando Callero - Rafael Arce

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La cercanía impone al biógrafo una discreción, una lítote. En principio, con el propio género, tan propenso a la chismografía, al ditirambo, a la hipérbole. Después, con el biografiado, en cuanto amigo y colega. Finalmente, con el personaje, en cuanto es fatal la tendencia a la idealización, a la mistificación. Esa reserva la actúa el relato de Francisco Bitar con las figuras del Poeta y el Escritor. En ellas se juega la ética de este relato o lacónica biografía. No se trata de cualquier vida, ni siquiera de la vida de un artista. Es, más bien, la vida que hubiera valido la pena ser vivida y que el sobreviviente asume como misión postular. Vivida en su exuberancia, en su apuro, en su desesperación y en su intensidad, no hay la vida del Poeta como tantas otras: la única vida es la del Poeta y es eso lo que la define como tal. La muerte temprana, trágica, la rubrica, porque impide su transformación social en escritor. La muerte conserva la vida vivida a borbotones en su pureza. Nace ...

Las cifras de Diecisiete Haiku - Alejandro Ramos

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Ser en la vana noche el que cuenta las sílabas. J. L. Borges, El oro de los tigres   El otro archipiélago Es natural imaginar a Borges como navegante del archipiélago británico: sombra que deambula por esas islas, tierra del melancólico matemático Herbert Ashe y de los paisajes por donde corría con dulzura el tren que abordó el espía Yu Tsun; territorio cuyo corazón, Londres, destella en el Aleph como un laberinto roto (en mi memoria, siempre es “un laberinto rojo”). Menos inmediata es la certeza de su presencia en otro archipiélago: el de las incontables islas que conforman Japón. Sin embargo, hoy sabemos que imágenes y relatos de esa cultura fertilizaron la mente del niño lector. La temprana fascinación persistió: de manera casi íntima, Borges leyó y escribió sobre religión, literatura y poesía japonesa toda su vida. En una de sus primeras obras narrativas, Historia universal de la infamia , incluyó el relato “El incivil maestro de ceremonias Kotsuké no Suké”, audaz ree...