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El ensayista jubilado - Felipe Charbel

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[Traducción: Guillermina Torres Reca]   Comienzo por dos historias muy conocidas. La primera es la del político y “hombre de letras” francés que, cerca de cumplir los 40 años, se aisló en su castillo para “pasar descansando” el resto de sus días. Su plan era vivir “en completa ociosidad”, después de haberse dedicado, con más empeño del que le habría gustado, a las fatigas de los cargos públicos y del belletrismo renacentista (fue miembro del parlamento de Bordeaux, negoció con reyes y ministros, y ocupó sus horas libres ensañado con la traducción de un incomprensible tratado de teología natural, escrito por un filósofo catalán, solo porque eso le daba algún prestigio). Ya debe haber quedado claro que estoy hablando de Michel de Montaigne.  Para un humanista del siglo XVI, era muy difícil no dejarse seducir por las imágenes del “ocio honrado” que poblaban la literatura de la Antigüedad: los amenos jardines, las lecturas al aire libre, las caminatas tranquilas, las conve...

Día tras día tras día tras día. El diario y la experiencia de la soledad - Felipe Charbel

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  [Traducción: Guillermina Torres]   Para mí, en estos momentos escribir  tiene la misma dignidad que ir al mercado MART Í N CERDA   El 13 de marzo de 2020 comencé la cuarentena. Sé que fue ese día porque lo anoté en mi diario, y porque usé tinta violeta. Hab ía comprado la lapicera en la víspera, la última vez que pisé una librerí a. Pens é que era una buena opción para marcar y desordenar mis textos, para subrayar tesis y exámenes de alumnos: no es enfática como la roja, que los años escolares me hicieron asociar al error y a la culpa, pero genera contraste, no suena como advertencia –y con eso me bastaba. No llegué a usar la lapicera en las tareas de rutina: es que de un día para el otro no habí a m ás rutina. Eso sucedió cuando las “ autoridades sanitarias ” informaron que el virus que se esparcía por el planeta –en el carnaval no pasaba de un peligro remoto– hab ía llegado a mi ciudad, y tal vez ya circulara en mi edificio y en mis vías respiratorias...