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Arte de la contingencia - Julieta Yelin

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  ¡Ser bueno en el no saber, como los artistas! Friedrich Nietzsche, Prólogo a la 2da. ed. de La gaya ciencia   Hace unas semanas, en una conversación con el artista plástico Daniel García en el Museo Castagnino de Rosario, en el marco de una visita guiada a su muestra “Trance y otras pinturas”, un asistente le preguntó por los criterios de selección de las imágenes a partir de las cuales desarrollaba sus cuadros -estas comprenden variadísimos universos y registros de representación: desde antiquísimos jarrones chinos hasta un ratón Mickey o un pato Donald, desde contorsionistas y acróbatas inspirados en carteles de Freak Shows estadounidenses hasta una Eurídice inspirada en fotografías de Eadweard Muybridge-. El pintor contestó que, por motivos que desconocía, algunas figuras llamaban poderosamente su atención, que ese “llamado” podía acontecer en la calle, hojeando una revista, husmeando en Internet, y que la razón le era siempre tan ajena como inapelable: solo sabía q...

La decapitación de Mario Bellatín - Pablo Farrés

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  [Noticia: El siguiente ensayo fue leído en la presentación pública de La Matanza de Mario Bellatín, en la Biblioteca Popular Madre Teresa de Virrey del Pino, La Matanza, el 27 de noviembre de 2022]   Yo que nunca salí de mi país, me encontré cierta vez con el escritor Mario Bellatín en la ciudad de México. Me invitó a su casa y hablamos largo rato de sus libros. En un momento, le hice una observación sobre Canon Perpetuo. Le recordé que al principio del texto, el personaje al que llamaba Nuestra Mujer, recibía el llamado de una empresa que le ofrecía escuchar la voz de su infancia. Arriesgué que tal servicio no implicaba ninguna fantasía. Todo el mundo puede grabar la voz de un chico y hacérselo escuchar treinta o cuarenta años después -dije y enseguida cometí el exabrupto de afirmar que tal posibilidad le quitaba magia al texto. El escritor Mario Bellatín me miró con cierto desdén y luego de unos instantes me aseguró que Nuestra Señora era amiga suya y que la voz de su...

Abyección, poder, literatura – Juan B. Ritvo

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[Noticia: El siguiente texto, inédito hasta la fecha, fue leído en Noviembre de 1995 en la presentación pública de Villa de Luis Gusmán en Rosario].   I Villa . El nombre propio de un personaje incapaz de apropiarse de su nombre titula escuetamente, sin ecos ni evocaciones, a la última novela de Luis Gusmán. Villa se puede leer en dos planos, suplementarios entre sí. El primero, quizás el más accesible, nos relata en primera persona la historia de Villa, el “mosca” (“¿Qué es ser un mosca?’ me había preguntado alguna vez Firpo. ‘Un mosca es el que revoletea alrededor de un grande. Si es un ídolo, mejor”) en los tiempos de López Rega, el mayordomo de palacio que llegó a ocupar junto con su corte de los milagros las habitaciones privadas del monarca. En poco tiempo y a través de la obsecuencia, pasa del servilismo a la abyección. El siervo, lo sabemos, se transforma en un ser abyecto cuando consiente en renunciar a su poder de consentir, lo que equivale a despojarse de tod...

Nieve - Carlos Surghi

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           Decir que conocí por primera vez la nieve a través de los recuerdos de un niño al que una mañana el registro del invierno lo sorprendió en la cama, es caer en la trampa de las fabulaciones con las cuales nos inventamos un pasado. El hecho mismo de recordar es la falsedad más grande con la que revisitamos ese pasado, ya que nadie recuerda nada, nadie va a ningún lado, y todo se inventa y se proyecta; por lo cual, ese pasado, el pasado de uno y el de todos, no es más que un paisaje inmóvil, una especie de predominio del ánimo que se eleva en la columna del egotismo. A la inversa de Proust −que se hundía en la angustia nocturna de un beso que no llegaba− el niño al que apelo para mirarme años atrás ansiaba la mañana; añoraba la ilusión blanca de la monotonía, esperaba por el destello cristalino de unas estalactitas dejadas en la parte superior de su ventana, que él, ingenuamente, creía la destilación ambarina de las estrellas. ¿Qué ...

Pensamientos discontinuos sobre fútbol - Rafael Arce

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  Para Martín Kohan y para Fermín Rodríguez   Juego y deporte.   Se sabe: en un partido de tenis gana el que juega mejor. No el mejor necesariamente, pero sí el que lo hace en ese match. Un número 50 del mundo le puede ganar a un top ten si tiene una mejor tarde. Aunque no es superior en la previa, lo fue esa jornada y ganó. Esta regla es aplicable a casi todos los deportes (o eso me invento). Por este motivo el ajedrez es un deporte y no un juego. El juego se define por el predominio del azar. Puede ganar el que juegue mejor, pero si alguien tiene suerte no hay con qué darle. Uno puede jugar muy bien al truco pero si el que juega mal liga no hay caso. Supongo que los jugadores profesionales de póker lo discutirían. Pero justamente, son los que lo consideran un deporte. El fútbol es un deporte distinto porque, aunque en general gane el que juega mejor, un porcentaje de partidos terminan siendo decididos por la suerte. La peculiaridad del partido también es de ...