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Una pelota y dos paletas para ensayistas y novelistas - Francisco Bitar

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  a Flavio Lo Presti y Paula Puebla     Creo que si hubiera a disposición dos paletas y una pelota, el novelista crearía el tenis mientras que el ensayista inventaría el ping pong. No es que uno y otro estén interesados en dedicarse a un deporte, menos a estos en particular, pero sí podría interesarles, creo yo, lo que se pone en juego allí: el sentido de desafío en el tenis, la operación sintética de un arte mayor, el diagrama del ping pong. Porque el ping pong se parece a un croquis del tenis: es el tenis en chiquito. Y sin embargo, el ping pong no devuelve solamente una miniatura sino que es la miniaturización más las leyes de un diseño: ya no será la suya la historia de un desafío, ni siquiera de uno pequeño, sino la historia de una formalización, de un pensamiento que se debate consigo mismo.     La elección de los verbos no es casual, si es que creación e invención pueden diferenciarse por el tiempo acumulado en cada una. El novelista crea , por...

Diario - Juan Bautista Ritvo

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  [Las siguientes entradas corresponden a fragmentos de los diarios inéditos de Ritvo] Lunes , 13 de diciembre de 1999 Signo de los tiempos: me he comprado el libro de Landow sobre Hipertexto . Leo allí que el cursor, “ese elemento gráfico parpadeante” simboliza la introducción del lector en el texto. Con seguridad, esta modificación del espacio de la escritura y la lectura reivindica también viejas prácticas ya olvidadas: escribir cartas, apreciar artesanal y amorosamente los distintos tipos de letras que la imprenta ha elaborado paciente y maravillosamente desde la época de Gutenberg; diagramar una página no con criterio de diseñador sino con el gusto mallarmeano por quebrar la monotonía de la linealidad:   tres tipos de letras en un párrafo son, ya, un esbozo de palimpsesto. Puedo decir con respecto a esto lo que un crítico musical dijo de la música de Ondina de Henze: que era una obra moderna, “artificializada”, construida no con un lenguaje inédito, sino media...

Tres movimientos abandonados (Sobre algunos motivos de Guennadi Aigui) - Sergio Cueto

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  1. Adagio       Ahí es la tranquilidad. La tranquilidad es el lugar de la música. La música es ahí. No sólo en el sentido de que la música tiene lugar ahí, que ése es su lugar, sino ante todo en el sentido de que la música es el ahí, que ella es el lugar, el único, de su tener lugar. (Por eso tal vez pueda decirse que ahí donde sólo el lugar tiene lugar hay algo ya del orden de la música).     La música resulta ser así un arte del espacio. Cierto es que ella parece desconocer el lugar de la quietud, estar siempre en otra parte y nunca ahí donde uno esperaba encontrarla, no en la partitura, seguramente, pero tampoco en el órgano o en la flauta, ni siquiera en el oído o la memoria, como si cualquier lugar, como si la idea misma de lugar le fuese por principio extraña. Pero ello es así porque ella misma es el lugar de su tener lugar. El tener lugar implica tiempo, sin duda, implica el tiempo, pero como lo que tiene lugar es únicamente el luga...