El feminismo debe tomar la vía del terror - César Aira
No
creo que haya literatura femenina ni masculina. La literatura consiste en
volverse mujer, de un modo u otro. El modo de las mujeres, en general, me
parece más tortuoso, y en el caso de las grandes escritoras, mucho más
aleccionador. Aunque eso no tiene mayor importancia; Tolstoi o Henry James
haciéndose mujeres no son distintos de Jane Austen o Teresa de la Parra
haciéndose mujeres. El objetivo, en palabras de Osvaldo Lamborghini, son las
“mujeres de verdad, no la estúpida verdad de la mujer”. Pero dudo que las
mujeres de verdad sean las del futuro, como lo quiere el feminismo. Creo más
bien que la literatura es incompatible con el feminismo, la ecología, el
marxismo, la religión, y en general todos los sistemas que promueven las buenas
intenciones; la literatura está del lado de la indignidad, de la traición. No
se trata de tomar partido por el bien, sino de encontrar el modo de manifestar
indiferencia: a eso llamo “estilo”. Pues bien, lo único que se hereda de las
mujeres es el estilo. Hay un “plasma” del estilo que se conserva sólo en sus
transformaciones. La literatura llega a su punto óptimo cuando todos pueden
hacerla, cuando no hay desheredados: lo que no es una utopía, precisamente. No
es un mundo de seres felices, sino más bien de homicidas o fraudulentos.
Suplantamos a nuestras madres para creernos mujeres, ésa es toda nuestra
superchería. Y no disfrutamos gran cosa del triunfo. La virilidad, llevada a su
extremo lógico, llega a la castración. Y ahí todos somos iguales, todos tenemos
miedo. Por eso pienso que el feminismo, si quiere ser efectivo, debe tomar la
vía del terror. Recién cuando a los hombres se nos haga sentir espanto de las
mujeres habrá feminismo. Todo lo demás me da risa (por ejemplo las preguntas de
este cuestionario).
