Petróleo & Poesía - Inés Godoy
Volví
a casa ese miércoles y pensé “la tapa tiene un Mickey, ¿no?”. Algo había dicho
Cecilia, “habla mucho sobre Disney, qué pesada”. Y sí, ¿cuánto te puede gustar
Disney? Como mi jefe, que viajó 11 veces a Disney. Cuando lo contó no pude
disimular la cara. Mi cara siempre me delata. Seguro hice cara desaprobando la
hazaña -y el gasto- porque me miró y me dijo “sin comentarios”.
Es
que en esa oficina se habla mucho de plata, de cuánto cuestan las cosas. Los
viajes en ese mundo nada tienen que ver con expandirse e intercambiar, son para
consumir: lejos y mucho, volver y contarlo. Ese no es mi mundo y aprendí a
silenciarme, pero la cara siempre se me escapa.
Ana Carrete. Una tapa rosa y un
Mickey derretido. Cedo al prejuicio: un libro objeto pienso. Como esos libros
que se ven en las fotos de insta casualmente apoyados acá y allá. Stalkeo su
cuenta. No estoy mirando, la estoy consumiendo. Estoy consumiendo a Ana
Carrete. Hay collages y cosas que me parecen lindas. Uno en especial me llama
la atención porque tiene una biker Balenciaga violeta. Me acuerdo mucho de esas
carteras. Me acuerdo de ver las fotos de Paris, Nicki Hilton y Lindsay Lohan en
Perez Hilton y todas usaban biker. Era 2008 y con mi hermana habíamos
conseguido unas imitaciones muy truchas y andábamos las dos en Santa Fe con
eso. Tremendas ridículas.
Está
bien, sí, sí, follow. Total, solo tengo un centenar de seguidores y sigo dos
mil cuentas. La sigo. Veo muchas veces
un texto serigrafiado o stencileando que repite acá y allá “I write poetry, you little bitch”.
Leo una
entrevista. Me quedo con esta respuesta:
Me afectan las críticas. Me preocupa que la gente
malinterprete mi trabajo. Me gusta hacer reír porque soy una persona con
depresión. Me encanta ser irreverente, hacerme la tonta y hablar muy
casualmente de «lo prohibido», pero me estresa que la gente decida que soy una
pendeja en la vida real porque presento mis ideas de manera inocente/ingenua. No
entienden que mi yo poético no es
mi yo verdadero. Creen que todo lo que escribo me pasó.
Me
hace sentido. Todo ese rosa es insostenible. Esa fascinación con la infancia y
recordarla todo el tiempo me agobia. Soy una más de esa época. Ana es de 1985
también y hasta el año pasado mantuve mi colección de Pin y Pon. Quizás es eso
lo que incomoda: el reflejo. Como leí en twitter: nuestra generación tuvo la
mejor infancia y está teniendo la peor adultez. La entiendo y la perdono. Me
perdono. Entonces fui y me confesé en una cuenta que ya no existe: “Nacida para
ranciar, condenada a entender de dónde viniste”.
Demoro
en leer su libro. Qué sé yo. Massmedia, para mí, es eso: bienes de consumo e
industria cultural. El libro objeto, me digo. Toda mi formación es eso: la
Escuela de Frankfurt. Nunca me di cuenta lo efectiva que fue la inoculación
marxista hasta que trabajé en Chile. En el oasis neoliberal del sur me preguntaron,
por primera vez, a qué clase social pertenecía. Una clase de hijas de puta del
interior, esas que casan con maridos premios y nunca salen del pueblo. Yo me
tenía que casar con uno que tenía campos, y siempre le decía que sí, que sí,
que nos íbamos a casar cuando él llevara dos años limpio, sabiendo que no iba a
pasar. Soy un proyecto abandonado, que se fue por la tangente, un error
viviente.
Pienso
en Ana Carrete. Cuando vuelva a tener teléfono seguro comparta alguna cosita
linda de ella. Me cae bien. Me quedo con su idea de “mi yo verdadero y mi yo poético”, una idea que puse en práctica sin
saberlo cuando convertí mi mundo en uno de petróleo y poesía. Pero ahora, ¿cuál es cuál?
Como
la vez que tuve la pulsión de recomendarle a mi jefe petrolero que le regale a
su hija Maquillada, de Dahpne B. Como
un intento ninja de inocular esa misma crítica al capital con un libro hermoso
y ella en la tapa toda diva con pelo rosa. De verdad, lo iba a llevar al
Galerna de Pto Madero y todo. Igual, hay límites. Hay cosas que nunca se me
ocurren. Como recomendar Florida Project,
cuando hablan de Disney.
En
la oficina petrolera me imprimí todo el libro. Ahora, sí. Vamos a ver Ana
Carrete. Me senté en la pizzería y lo leí todo de corrido. Me hizo desbloquear
una memoria: cuando estaban todos muy drogados de mañana yo era la que me
bajaba en los negocios y compraba las cosas. La que interactuaba con los
civiles. ¿Por qué? No hay porqué.
Marqué toda la
copia. Me gustó “Siempre te pueden acabar ascendiendo”.
Antes de pagar en
la hoja en blanco escribo:
Ana Carrete
depresión
consumo
imagen
depresión
imagen
sexo
fotos
redes
depresión
redes
redes
vender
depresión
vender depresión.
PD:
Gracias, Ana de 1985. Vi tu LinkedIn y tu insta y te dedico mi primera poesía.
EMOJI CORAZÓN EMOJI EMOJI. Ahora lo puedo compartir: “I write poetry, you
little bitch”. Quizás me responda que el nombre correcto de la Balenciaga es: Motorcycle
'City' Bag.
